miércoles, abril 11, 2012

ALGUNOS DEVANEOS Y RECUERDOS

Recibido de Marcelo Sepúlveda Oses el 10 Abril 2012
fotomarcelo

A veces, cuando el silencio de la noche me envuelve en secretos y misterios desconocidos, dejo mi mente vagar por el pequeño universo en que habito y doy lugar a la nostalgia en momentos gratos o a la tristeza del dolor ya lejano, pero somos habitantes del presente real y continuo, una sumatoria de hechos unos tras otros como sendero de hormigas trabajando. Entre mis devaneos (que son muchos) asumo los años y su paso impertinente, aunque la edad puede agregar sabiduría o nuevos conocimientos; así también, disfruto del paisaje como un obsequio: Aquellas nubes pequeñitas pintadas en el horizonte ante de morir la tarde o el juego sinuoso del viento entre los árboles o la ternura doméstica de un perro o la majestuosidad de una luna llena…

Pero, entonces, me vuelvo a preguntar: ¿Cuánto más deberemos contaminar este planeta…antes de asumir soluciones concretas? ¿Abandonaremos los valores negativos en el afán de construir mejores personas…? ¿Reinará la paz en el planeta sin condiciones de ninguna especie, económicas, sociales, religiosas, políticas, etc.? ¿Buscaremos la quietud en el espíritu y la armonía en el diálogo con el otro…? ¿Educaremos a las nuevas generaciones en apego a la verdad, la libertad y el amparo…? Prácticamente, y en nuestro limitado conocimiento, no podemos descubrir certezas.

Quizás, al momento de apreciarse como una persona única, exclusiva e individual descubrimos el encuentro con el otro en una situación de emoción, alegría y regocijo o en una dispar incomprensión. Por naturaleza, somos seres sociales y allí, en la convivencia diaria, cercana y permanente, asignamos valor positivo a nuestra existencia terrestre.

Es probable que el rumor de una noche abierta y serena nos convoque a la contemplación, al recuerdo y la proyección de futuro, a elegir el mejor camino según la formación, tanto académica, sicológica y espiritual, como, de igual modo, a aquel aprendizaje otorgado por la experiencia de vida.

No es más sabio el que hace aspaviento de sus cualidades, ni el que se cree superior al resto, ni el que levanta más alto el tono de voz, ni el que mucho habla. La sabiduría decanta, macera como las frutas maduras que se guardarán para el invierno, como el pan fermentando con la levadura.

En el inmenso océano se ocultan secretos incógnitos, su extensión y profundidad nos deja perplejos, pero mirando el sol ocultarse tras su horizonte podemos descubrir la perfección oculta convertida en orden y equilibrio casi perfecto. Si apreciáramos nuestra mente como una gran fuente de agua, nos daríamos perfecta cuenta que existen maravillas guardadas que nos son desconocidas.

Por tanto, escuchar el silencio nocturno, la plenitud de la inmensidad, el horizonte infinito de afanes, tareas y obligaciones en la vida, nos permiten descubrir el obsequio natural de mirar y ver, oír y escuchar los buenos deseos que anidan en el corazón, la esperanza como aliada ante el desengaño y la paciencia de esperar la muerte como hermana que a todos sin distinción nos aguarda.

Es posible que equivoque mis palabras, es posible que el mundo a mi alrededor sea desconocido para quien lee esta nota, pero el hilo argumental o el sentido intrínseco del discurso nos reúne en torno a la necesidad imperiosa de aprender cada día y asignar valor, incluso a los detalles más insignificantes.

Al momento de concluir esta reflexión, les invito a observar la simpleza del pétalo de azucena o cualquier semilla, que en su breve o larga vida y al caer agónica al suelo, sin mayor algarabía, vuelve a ser herencia o vuelve a ser tierra.

Marcelo Sepúlveda Oses

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